25.11.17

LIBRE AL FIN






           Estos hijos mios, que tu,             
           cual Saturno devoras,                      
           inclemente y fiero.                           
           Estos hijos mios,                      
           que tenaz engendro,                          
           que ingenua te entrego                    
           y que tú aniquilas                             
           con rigor extremo.
                          
Estos hijos mios                               
son mis ilusiones,                           
mis tímidos sueños,                        
              tibias esperanzas,                            
pequeños anhelos.                          
            Y tú los destruyes
            o ya nacen muertos...  
                
         Pero vendrá un día en que uno de ellos
         crecerá escondido dentro de mi seno
         y he de alimentarlo hasta que lo sienta
         fuerte y poderoso como un dios heleno.

         Y, libre al fin, este día                                           
                            a tu tiranía                      
                              pondrá fin        
                                 este sueño mio
                                   ¡cual Júpiter Nuevo!

                                                                      Glòria
                                                       

13.11.17

LAS CUNETAS DE ESPAÑA






¡Qué frío que hace
en las cunetas de España!
¡Qué frío tan grande
en todas las cunetas
de esta patria madrastra!

El frío del olvido
El frío de la ignorancia
El frío de los vencidos
El frío de la arrogancia

Que ya más no las enfrían
ni siquiera sus escarchas.

¡Qué frío que hace
en las cunetas de España!
Que mal disimulan sus amapolas
tanta sangre derramada.

Todos los caminos malditos
temblando siempre ante el alba.

                         Aleix Diz


6.11.17

AIRE





                          Aire que buscas mi rostro
entre las sombras de un sueño
cuando el alba se entristece
al ver al ocaso abierto.

Luego refrescas mi frente
con la caricia de un beso
antes de irte a la mar
donde está tu húmedo lecho.

Allí, calmaras las olas
de tus sábanas de ensueño
llevándote sus espumas
al abismo del silencio.

Después cerraras tus ojos
entre suspiro y bostezo
para quedarte dormido
bajo las sombras del cielo.

 El cielo enciende sus brillos,
el mar arropa tu aliento,
calma el agua tus suspiros,
la luna vela tu sueño.

Más tarde, cuando el Dios sol
se asoma al balcón del tiempo,
tú volverás a tus olas,
a tus espumas, tu viento.

Empujarás a la niebla
y a sus corrompidos velos
allá, donde las montañas
escupen al firmamento.

Después vuelves a mi rostro,
a mis brazos, a mi pecho,
para que corra la sangre
libre por todo mi cuerpo.

Aire purificador
capitán de los veleros,
pulmón de la primavera,
del verano y del invierno.

Niño grande del otoño
que con sus manos de viento
juegas con las hojas muertas
que el árbol dejó en el suelo.



                     Nicanor López 

NOSOTROS







Mi energía es de bicicleta
y de palabras de ángel
y de vestido de seda
y de puntillas de encaje.

Tu energía pedalea
y hace mi existencia grande
cuando se baña en mi río
cuando suspira mi aire.

Mi energía es de magdalena
y de cabello de ángel
y de fuego de sirena
y de maletín de baile.

Tu energía viene y va
y dulcemente se expande 
cuando me llamas amor
y en silencio 
me tientas en plena calle.

Y los gnomos de tu almohada
me explicaron algo grande
que tus sueños son 
de vagón de buganvillas, 
también de palabras de ángel.

Que tú llegarás en carroza 
que prepare pronto mi equipaje
que juntos y unidos viviremos 
ese último amor, el perfecto viaje.

Que en la maleta de tu vida
tengo el apartado más grande
y en la carroza de mis sueños
eres mi príncipe gigante.

Tu energía es de bicicleta
la mía de estrella salvaje
unidas serán dos 
                  palabras
gemelas 
            y un solo vocablo 
    de arcángel.
                                                                                             

                             Nosotros. 


                             Rosa Maria Vargas

3.9.17

RAMBLAS 17a






Es mi calle, es la tuya,
es la nuestra, la de todos,
calle de esta gran ciudad,
la de pájaros y flores
aquella que me acerca al mar.

La de mil ruidos, mil hablas,
mil recuerdos, mil olores,
la que amargamente llora
a ese rio de personas
que hoy han logrado callar.

Aún, teñida de nuevo de sangre
seguirá siendo poesía,
seguirá siendo un poema
la Rambla de Barcelona,
las ramblas de mi ciudad.

                        
                   Àngela Bueso

24.5.17

TURISMO Y DENUNCIA





Muchos miran lo nuestro con ojos vacíos
¡Los turistas!
Y lo nuestro se va desvaneciendo,
poco a poco,
de tanto ser mirado mal.
A veces, miran con ojos extraños
¡Los turistas!
y ven cosas que nosotros no vemos.
Así, entre lo que se desvanece y lo que aparece,
nos perdemos.

Nombran las cosas con un verbo extraño,
¡Los turistas!
con un acento curioso y exótico
que acaba transformando todo,
lentamente, en lo que no es,
como en un Génesis fallido.
¡Oh, magia perversa de la lingua franca!
¡Oh, contubernio de los demasiados!
¡Imprecisiones en los folletos!
Tópicos típicos y estúpidos.
Horrores de la cultura masificada,
simplificada, amputada,
semidigerida y regurgitada,
para que crean todos que entienden,
para que crean que saben
para que opinen
para que digan
¡Para!

Una nueva gente recorre nuestras calles
¡Los turistas!
como la marabunta recorre la selva.
En todos sitios, por millares,
los extraños habituales:
los descamisados sonrosados, de paella y sangría,
los singles solitarios,
o en tropel,
los que siguen a la del paraguas colorao.
Personas, sin duda, pero ejerciendo de masa.
Mensajeros de un Nuevo Mundo
donde la historia es anécdota
donde los souvenirs son gadgets,
las fotos selfis,
y los recuerdos… nada.
Sólo aspiran a venir
Para poder decir “estuve allí”.

¡El turismo! El mayor de todos los ismos mismos.
¡Que ni siquiera es turismo!
Es el último acto de la confusión,
la ceremonia final de un mundo que agoniza,
que se diluye hasta desaparecer, como profetizó Ende[1].
¿Dónde están aquellos viajeros de antaño?
Los que se perdían para encontrarse.
¿Y dónde están los paisajes?
Mil veces usurpados, mil veces troceados,
para ser mil veces revendidos.
Sólo queda el skyline,
parecido a otros  mil skylines de otros mil sitios.
¡He aquí el millón de muertes de los paisajes!
Todas las ciudades iguales.
Y aún peor, todo el mundo un suburbio.
Un suburbio por todas partes.
Suburbio en el campo, que sólo es un montón de accesos
a lo que antes fueron ciudades.
Suburbio las ciudades mismas, que han dejado de serlo,
¡todas! para ser simples urbes.
O para ser parques temáticos,
si tenían alguna historia…
Y ¿dónde están esas historias?
Esas historias que ya nadie cuenta,
porque están en un CD…
¡Y en la red!
Digitalizadas.
Así, hasta que todos seamos
unos y ceros…
…de ocho en ocho,
en la última fiesta de los bytes.


                                     Aleix Diz



[1] La Historia Interminable, Michael Ende.